El hilo albiceleste: “El mundial que papá celebro desde el cielo”

​La primera vez que sentí que Argentina era un poquito mía, fue en la sala de nuestra casa en Trujillo, se jugaba el mundial de fútbol México 86. Mi padre no necesitaba una camiseta para demostrar su lealtad; le bastaba con cerrar los ojos y relatar cómo las graderías de la Bombonera parecían latir bajo sus pies, el color de las paredes en el Caminito o cómo el sol caía sobre Mar del Plata. Él en su juventud había estudiado allá, y en su maleta de regreso no solo trajo un título, sino un pedazo de alma argentina que sembró en mí.

​En 1986, cuando yo apenas tenía 9 años, ese vínculo se hizo estruendo. Recuerdo a mi padre, desbordado de una alegría que no conocía fronteras, celebrando cada genialidad de Maradona, como si fuera un vecino de toda la vida. Aquel día, Trujillo se transformó: salimos en caravana, los cláxones reemplazaron a las palabras, lluvias de champagne, es entonces que entendí que el fútbol es el único lenguaje que permite amar a dos patrias al mismo tiempo. Argentina había ganado la Copa del Mundo.

​Pasaron las décadas y la esperanza se renovaba en cada cita mundialista. Pero el destino nos tenía preparada una prueba difícil. En noviembre de 2022, apenas un mes antes de que la pelota empezara a rodar en Qatar, mi padre partió. Se llevó consigo sus historias, pero me dejó la brújula de su pasión.

​Durante la final contra Francia, el ambiente en casa era una mezcla de nervios y una nostalgia silenciosa para mi. Todos queríamos que Messi  alcanzara la gloria, pero en el fondo, yo buscaba a mi papá en el sofá. Cuando cayó el último penal y Argentina se coronó campeona, volví a buscar a papá quizás para revivir lo vivido en el 86, Pero el vacío de su ausencia se transformó en una paz profunda. No necesité verlo para saberlo: estoy segura de que él habría llorado de emoción, tal como lo hizo en aquella caravana del 86.

Hoy comparto la felicidad de un país que celebra a lo grande: Argentina Campeón mundial Qatar 2022, confirmando cómo el fútbol trasciende las fronteras y como perdura el cariño a un país que en algún momento fue el hogar de mi padre.

​Gracias, papá, por inculcarme esta pasión del fútbol. Hoy sé que, después de amar y apoyar siempre a mi selección peruana, habrá un lugar eterno en mi corazón para la de Argentina. Esta tercera estrella ⭐️⭐️⭐️ también te pertenece. ¡Gracias por el fútbol, y gracias por este último regalo desde el cielo!

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